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La vitamina C, un arma para ayudar a nuestro sistema inmune

La vitamina C, un arma para ayudar a nuestro sistema inmune

Los complementos nutricionales más consumidos por los españoles son las vitaminas y minerales, y dentro de este grupo la vitamina C ocupa el primer puesto. Podríamos decir, por tanto, que es la reina de los complementos alimenticios. Y es que se trata de un nutriente esencial para los seres humanos, al igual que para los primates, que nuestro organismo no puede fabricar por sí mismo, así que necesitamos obtenerlo de fuentes externas. Es muy importante garantizar un aporte suficiente de vitamina C porque no solo es un potente antioxidante, sino que es también básica para nuestras defensas.

Según un estudio de 2015 (Santos, I., Morán, J.: El mercado de los complementos alimenticios en España), las vitaminas y minerales y los complejos vitamínicos son los productos que más mercado mueven en el sector de los nutracéuticos, muy por delante de los productos adelgazantes o los digestivos, por ejemplo. Representan casi la cuarta parte del volumen de negocio, y dentro de esta categoría, la vitamina C se lleva la palma. Otro estudio, este realizado por la Unión de Consumidores y Usuarios (OCU), señala que un 30% de los españoles reconocen consumir algún tipo de suplemento.

Son datos lógicos, si tenemos en cuenta el aumento de la esperanza de vida y la cada vez mayor concienciación por llevar una vida saludable. La vitamina C es uno de los nutrientes que aporta beneficios más claros y necesarios. Tiene reconocidas oficialmente, por parte de las autoridades sanitarias, nada menos que 15 propiedades saludables. Protege nuestras células del daño oxidativo, contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso, ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga, contribuye a la formación del colágeno necesario para las encías, los cartílagos, los dientes y la piel… pero posiblemente una de las propiedades más interesantes de la vitamina C sea su contribución al normal funcionamiento del sistema inmunitario.

Y esta propiedad es sobre todo interesante en esta época del año en la que proliferan los catarros y gripes. No iban muy desencaminadas las abuelas cuando, antes de los primeros resfriados, rápidamente se encargaban de suministrarnos nuestros buenos vasos de zumo de naranja. Sin embargo, conviene aclarar que la vitamina C no es un antigripal ni un anticatarral. Es su acción como refuerzo del sistema inmunitario lo que permite que nuestro organismo, cuando sufre el asalto de los virus, esté mejor armado para defenderse de esos ataques. Con un buen aporte de vitamina C, nuestras defensas podrán luchar mejor contra los virus, con lo que los síntomas durarán algo menos y probablemente serán más suaves.Y es que lo que nos hace sentir tan mal durante cualquier proceso gripal o catarral no son los síntomas, o no solo, porque todos hemos tenido fiebre, dolores de cabeza y otros malestares y, sin embargo, no nos hemos sentido tan “tumbados” como con la gripe. Lo que nos da esa sensación de decaimiento, derrota y falta de energía no es, ni más ni menos, que nuestro sistema inmunitario dedicando todo su arsenal a luchar contra los virus. Y eso absorbe toda la energía de nuestro organismo.

Este refuerzo es aún más importante en determinadas poblaciones, como niños o personas mayores. Los niños siempre están más expuestos a virus, básicamente por la mayor probabilidad de contagio en colegios y guarderías. En cuanto a las personas mayores, su sistema de defensas no es tan fuerte como el de los jóvenes, y en ellos los síntomas pueden resultar más molestos. Si además estos mayores ya padecen otras patologías, un simple catarro o una gripe se puede convertir en una complicación que es mejor evitar. Por todo ello, la prevención en estas fechas es clave, y la vitamina C puede ser un arma muy apropiada en este sentido.

Sin embargo, se trata de un nutriente que tiene un problema muy característico, y es que, más allá de ciertas dosis, provoca diarrea. Nuestro organismo solo puede absorber la vitamina C y asimilarla en cantidades limitadas, debido al efecto de retención osmótica.

Cuando se ingiere una cápsula o comprimido tradicional, comienza un largo trayecto por todo el sistema digestivo hasta llegar al intestino delgado, donde se absorben los nutrientes para luego ser metabolizados por el hígado. Durante ese trayecto, los nutrientes se someten a la acción de las enzimas digestivas de la boca y estómago, los ácidos digestivos, las sales biliares y la microbiota intestinal. Todo este proceso, con sus consiguientes y sucesivas reacciones químicas, degrada los nutrientes, demora su absorción y afecta a su biodisponibilidad.

Este problema puede evitarse si recurrimos a suplementos que contengan vitamina C liposomada, puesto que los liposomas permiten transportar directamente la vitamina C hasta las células que la necesitan, evitando la ya mencionada diarrea, impidiendo la degradación del nutriente en su recorrido por el aparato digestivo y garantizando la total absorción de la dosis prevista justo en el punto en que se necesita. Los liposomas son una especie de esferas o vesículas de tamaño nanométrico, solubles en agua en su capa exterior y solubles en lípidos en su interior. Las nuevas tecnologías de laboratorio permiten encapsular los nutrientes en estos liposomas nanométricos, en este caso la vitamina C.

De esta forma, la tecnología de encapsulación liposomal representa un paso muy grande hacia el futuro de la suplementación oral, y concretamente una gran ventaja en el caso de la vitamina C. El uso de  esta tecnología para aumentar la absorción de nutracéuticos es un método altamente efectivo que permite que dosis aparentemente pequeñas de un nutriente liposomado tengan un gran efecto, precisamente por esa eficiencia en la absorción, que permite el máximo aprovechamiento de la dosis. La vitamina C es, como ya hemos visto, uno de los nutrientes que más se pueden beneficiar de esta presentación.

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