Existe una gran variedad de especies de menta. Hasta el siglo XVII, todas ellas (Menta, Poleo, Hierbabuena, etc) se empleaban del mismo modo, y no se intento realmente diferenciar sus variedades. Hoy en día, en Occidente, la Menta piperina es la más utilizada. Se utilizan las hojas y las sumidades floridas.

Las hojas contienen materias minerales, flavonoides (derivados del apigenol y del luteolol, mentosido), un principio amargo, tanino, triterpenos (ácido ursólico y oleanolico), ácidos-fenólicos (caféico, clorogénico, rosmarínico, etc), pero su principio activo principal es el aceite esencial rico en mentol libre y esterificado (alcohol secundario terpénico monocíclico saturado), carburos terpénicos (pineno, limoneno, felandreno), mentona (cetona correspondiente al mentol) y mentofurano.

La ESCOP aprueba el uso de la hoja de menta para el tratamiento sintomático de desórdenes digestivos, como la dispepsia, flatulencia y gastritis, y el del aceite esencial para el alivio de de la tos y los refriados, alivio sintomático de afecciones reumáticas, cafalea tensional, prurito, urticaria, o afecciones dermatológicas que cursen con dolor e inflamación. Por otro lado, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprueba el uso tradicional de la hoja, basado en su utilización prolongado, para tratar trastornos digestivos como dispepsia y flatulencia; y el del aceite esencial para el alivio de la tos y el resfriado y, por vía tópica, del dolor reumático y muscular y el prurito.