La salvia es una planta de la que utilizamos la hoja desecada.

Los principios activos más importantes de la hoja de la salvia son el aceite esencial, los derivados del ácido hidroxicinámico, y los diterpenos fenólicos de sabor amargo. La hoja de salvia posee acción antibacteriana y antifúngica, debida principalmente al aceite esencial, y acción antiviral debida, en parte, a los diterpenos. Sus preparados tienen una potente actividad antioxidante y antiinflamatoria a la cual contribuyen sus constituyentes fenólicos, tanto el carnosol como especialmente el ácido rosmarínico.

Según la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y ESCOP, la droga está indicada en el tratamiento sintomático de inflamaciones de la cavidad bucal y la garganta, tales como estomatitis, gingivitis y faringitis, así como en caso de hiperhidrosis. Además, la EMA contempla el empleo de los preparados de hoja de salvia en el tratamiento sintomático de trastornos digestivos leves, como acidez o distensión abdominal y en el caso de pequeñas inflamaciones cutáneas.